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Independiente es Gatica


Y al revés. Era afamado, tenía gloria, le sobraba poder y cargaba a sus rivales. Tapa de diario siempre. Por sus hazañas. Por su idolatría popular. Por su insoportable éxito. Era capaz de voltear a cualquier mastodonte. Acá, o en el exterior. Mujeriego y fanfarrón, él, se golpeaba el pecho. Por hache o por be, era el orgullo nacional. Salía de copas y ganaba. Vaya a saber uno qué les decía a ellas que las conquistaba siempre. Prometía show. Y lo daba. Era un espectáculo aparte. Llenaba estadios. La gente lo iba a ver: ganar, empatar o perder. La gente iba, en fin.

Pero así como subió, bajó. A ese Diablo, el destino le terminó haciendo la cruz. Su ocaso es consignado por los cronistas, esos que cubrieron todas sus batallas. Empezó regalando billetes a desconocidos. Dejó que muchos hicieran negocios con él. Despilfarró su prestigio. Encima, le soltó la mano el poder político de turno. Empezó sufrir en tristes peleas. Y apenas si se ganaba el pan ante rivales hambrientos con la pegada de un minimosca.

Dejó de ser el embajador del país para verse vapuleado por la soledad, por las malas administraciones, por la presión de salir a poner la trucha. Y terminar disfrazado, ensayando una triste parodia de lo que había sido.

Estaba en la ruina, vendía diablitos en la vieja Doble Visera. Pero se sospecha de que en realidad iba a ver al Rojo por algo más. Quería sentirse ganador, al menos en algo. Sus ojos, marcados por tantos golpes y desprendimientos de retina, vieron el 2-0 ante River, del 63.

Está en la ruina. Pero se sospecha que en verdad miles van a verlo, que 93 mil y pico de tipos se asociaron, por algo más. Quieren sentirse ganadores, en una sociedad sucia de valores. Sus ojos, inundados por tantas lágrimas, y pelotazos, vieron el descenso, y el 1-2 con Brown de Adrogué.

La vida de Gatica se la llevó el colectivo, el 295, ese que hoy une Lanús con Wilde, pasando por el Cementerio de Avellaneda. La vida de Independiente se la están llevando partido a partido, en este bondi de la B Nacional que une a 11 provincias, y 17 ciudades.

Uno ya se fue. El otro, nadie sabe dónde está.

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