Ir al contenido principal

ALI, EL HOMBRE QUE SE FUE A PEGARLE A LAS NUBES

Fue una trompada a la boca del estomago, de esas que te sacan el aire, que te extirpan el aliento. Ese dulce mate que tomaba en Villa Gesell de golpe se lavó de tristeza apenas agarré el celular. El hombre-noticia otra vez volvía a ser portada de todos los medios. Murió. El se murió. La foto alcanza y sobra para saber de quién se trataba. La necrológica, tantas veces pensada, tantas veces imaginada, empieza a escribirse sola, con gotitas que caen de un par de ojos dormilones, que todavía no quieren despertarse. Muhammad Ali se fue de viaje a los 74 años, pero dejó un legado enorme, inmune a la erosión del tiempo. Porque fue, tal vez, el deportista más humano de la historia. 


Basta tan solo un ejemplo: el peleó por los nadies, por los negros, por su dignidad. Estuvo en contra de las injusticias. Y justamente, por habérsele parado de manos al establishment, por haberse negado a matar vietnamitas en la guerra, la Casa Blanca lo prohibió por tres años y medio. Sí, le quitaron (nos quitaron) la mejor etapa de su carrera. Esos mismos viejos decrépitos que hoy le hacen homenajes, le habían soltado la mano por ser un “traidor a la patria”. Fíjense ustedes lo que representó Alí. En tiempos modernos donde los deportistas no hacen más que escribir un tuit solidarizándose por una tragedia, Alí le decía a todo el mundo que la única forma de vivir era sin guerras. Y se bancaba la que venga. En tiempos actuales donde la figurita de moda deja su nombre para hacerse llamar CR7 sólo para ganar millones con el marketing, 

Alí se había cambiado el nombre (se llamaba Cassius Clay) para no cargar nunca más sobre sus espaldas el apellido de esclavo del patrón de su abuelo. Su derrotero es harto conocido. En el ring fue el rey de la selva. Brilló en una era de oro para el boxeo, plagada de mastodontes. Pero se hizo grande con la trilogía de Frazier, otro actor de lujo, al que seguramente ahora le estará estrechando un abrazo. Es mentira que Ali era el más fuerte. Norton le rompió la mandíbula en mil pedazos. Nuestro Bonavena lo hizo tropezar. Foreman lo tuvo sentido en el Zaire. Perdió cinco veces en 21 años. Es mentira que Alí era el más fuerte. No soportó nunca no poder ser lo que era antes. El Parkinson le robó su vitalidad, sus piernas de bailarín fueron ultrajadas por la enfermedad, patitas de alambre que empezaron a temblar en los ochenta, hasta no moverse más. 


Es mentira, señores, que Alí era el más fuerte. Pregúntele a los historiadores de boxeo, hablen con Don Eduardo Lamazon, que lo estudió años. Pregúntele a Cherquis Bialo que lo entrevistó más de cinco veces. Alí fue especial porque era el dueño del éxito, pero en el retiro vivió alejado del éxito. Su vida fue pura vocación de servicio. Y así, siempre ayudando a través de la Fundación Muhammad Ali Parkinsons Center, empezaba a despedirse. La imagen del final, esa que vale muchísimo para los jueces del boxeo, lo define de pies a cabeza. Ganó la batalla, no caben dudas. Pero terminó roto. Se dejaba ver por algunas fotos familiares, con un silencio que hablaba por él. Su bocota de siempre ahora callaba. Una expresión inexpresiva se apoderaba de su rostro. Ojos tiesos que ya ni pestañeaban. Labios apretujados por la imposibilidad de moverlos. Y su fuego sagrado, que tantas batallas le había hecho ganar, aparecía apagado, como la llamita de un fósforo agarrado por la humedad. En el final se entretuvo como pudo. Mirando partidos de fútbol americano y escuchando música de su tiempo, a Little Richard y Sam Cooke (dos brillantes cantantes negros) 

Sus tardes se consumían, también, observando películas de Western y algunas de terror, según me contó su hija Maryum May May Ali. No veía boxeo. Tal vez, el abuelo Ali pensaba que con lo que él había hecho allá arriba, ya lo había visto todo. Quién sabe. Nació para vivir como negro. Y terminó con millones de blancos, llorando su partida. No fue el más rápido, el más alto, ni el más fuerte. Fue el más grande.


Por Adrián Michelena
Publicado por primera vez en Facebook. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL BOXEO, LA MEJOR RECETA PARA SER FELIZ

POR ADRIÁN MICHELENA Quería ser médico, soñaba con recibirse y salvar vidas. Matías Ariel Vidondo (42 años, Neuquén) lucía con aspiraciones más grandes que su cuerpo de 190 centímetros y 120 kilos. Con veintipico de años entonces fue que llegó a la Universidad de Rosario para estudiar en la Facultad de Medicina, pero algo pasó en el medio que le hizo cambiar de plan. Una pasión le ganó a la razón, el corazón pudo más que la ciencia. “ Yo no me hice boxeador. De hecho, siempre fui boxeador, pero mis viejos querían que fuera médico. Entonces le dí para adelante con los estudios académicos, hasta que advertí que no era feliz, que tenía que cambiar de plan” , cuenta el hombre de las manos quirúrgicas en cuestión. Vidondo estudiaba y estudiaba, Anatomía, Bioética, Química, Inmunología y cuántas cosas más, pero tenía la cabeza puesta en otro lado, en el ring, en las dietas, en pegar sin recibir, el quería ser boxeador profesional y lo logró: en el 2010 debutó como profesional, con un triun...

INFORME ESPECIAL: ANDY RUIZ JR Y LOS PESOS BIEN PESADOS

POR ADRIÁN MICHELENA, PERIODISTA ARGENTINO. La sorpresa mundial que protagonizó Andy Ruiz al derrotar Anthony Joshua reivindicó a los gordos, que supieron destacarse sobre el cuadrilátero.  La peor jugada de la noche del 2 de junio se registró en William Hill, Nevada. Un tipo le jugó 100.000 dólares al triunfo de Anthony Joshua. Lo que se dice confianza ciega. La ganancia era exigua en relación al capital arriesgado: “solo” 5.000 dólares si acertaba el pronóstico. Pero perdió. Como el 96 por ciento de los apostadores que creían en la victoria del británico. De hecho, la proporción de favoritismo era de 32 a 1 para el defensor. Pero Andy Ruiz Jr. dio un golpe histórico y ganó tres títulos mundiales en una noche, los de la Federación Internacional de Boxeo, Asociación Mundial de Boxeo y la Organización Mundial de Boxeo. Su caso todavía sigue siendo motivo de análisis. No por el batacazo en sí, sino por la contextura física con la que engrupió al mundo. Y la expresión se qu...

COGGI, EL NOQUEADOR QUE NO PUEDE DORMIR

Por Adrián Michelena El ex triple campeón del mundo no puede conciliar el sueño por culpa de la adrenalina que perdió al dejar el boxeo. El diario de un pegador impresionante, cuyos golpes llevaban 370 kilos de peso en un puño. No puede dormir Látigo Coggi. Algo le pasa. No es que se haya despertado de una pesadilla. Tampoco es que haya obviado tomar algún ansiolítico. Lo suyo es algo raro. Quiere pero no puede, el hombre. Su mujer, Alicia Martínez, ya está acostumbrada, apaga el velador y se echa a dormitar. Sabe que, en algún momento, Látigo va a reposar. Tantas guerras, cerca de 180 entre las peleas como amateur y profesional, dejaron cicatrices y coletazos en su cuerpo, de seguro que sí. Un avezado de las redacciones se anima a diagnosticarlo: “El problema es que su cabeza sigue boxeando”. La aguja del reloj aguijonea el espíritu. Son las tres de la mañana y el campeón sigue esperando que se bajen las persianas. La historia se repite todas las noches. Y a 30 años de la obt...