Ir al contenido principal

PASCUAL PEREZ: "MI VIEJO LE DABA LA PLATA DE LAS BOLSAS A PERÓN"

Es el hijo de la leyenda. Ese señor venido en canas, que está sentado frente se llama Pascual Pérez, es peluquero de Ostende y tiene miles de anécdotas para contar. Primero, claro, tiene que cortar cabezas, (en el buen sentido, no como lo hacía su padre) para poder subsistir. Su vida es eso: ganarse el pan emprolijando la cabellera de los pueblerinos. Honrado oficio. La idea era hacerle una entrevista. Pero no pudimos arrancar a hablar, porque el hombre prefirió buscar fotos familiares. Y nos perdimos en los recuerdos.


En la mayorìa de ellas, hay una imagen que se multiplica una y otra vez: la presencia del General Juan Domingo Perón, como si fuera el angel guardián de este noble boxeador. La nota transcurre entre recuerdos y anécdotas al mejor estilo. Pero nada es anecdótico, ni siquiera el pedido que hace: "Poné que mi viejo no murió en la pobreza, es mentira, El terminó trabajando en el ferrocarril, con un sueldo del Estado". Y eso es lo que hacemos, entonces. Un acto de justicia para la memoria de un guerrero que supo hacerse grande. Antes, durante y después. Por más que las nuevas generaciones, por descuido o desinterés, lo hayan vuelto a enterrar, tapándolo de la memoria. acá está el informe que le regalamos, una notita que da la nota.

VIDEO HECHO  PARA EL PROGRAMA ARENA DEPORTIVA
DE TELPINTV DE PINAMAR

Comentarios

  1. Muy interesante. Se contrapone bastante con la historia oficial difundida por el gráfico

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

EL BOXEO, LA MEJOR RECETA PARA SER FELIZ

POR ADRIÁN MICHELENA Quería ser médico, soñaba con recibirse y salvar vidas. Matías Ariel Vidondo (42 años, Neuquén) lucía con aspiraciones más grandes que su cuerpo de 190 centímetros y 120 kilos. Con veintipico de años entonces fue que llegó a la Universidad de Rosario para estudiar en la Facultad de Medicina, pero algo pasó en el medio que le hizo cambiar de plan. Una pasión le ganó a la razón, el corazón pudo más que la ciencia. “ Yo no me hice boxeador. De hecho, siempre fui boxeador, pero mis viejos querían que fuera médico. Entonces le dí para adelante con los estudios académicos, hasta que advertí que no era feliz, que tenía que cambiar de plan” , cuenta el hombre de las manos quirúrgicas en cuestión. Vidondo estudiaba y estudiaba, Anatomía, Bioética, Química, Inmunología y cuántas cosas más, pero tenía la cabeza puesta en otro lado, en el ring, en las dietas, en pegar sin recibir, el quería ser boxeador profesional y lo logró: en el 2010 debutó como profesional, con un triun...

INFORME ESPECIAL: ANDY RUIZ JR Y LOS PESOS BIEN PESADOS

POR ADRIÁN MICHELENA, PERIODISTA ARGENTINO. La sorpresa mundial que protagonizó Andy Ruiz al derrotar Anthony Joshua reivindicó a los gordos, que supieron destacarse sobre el cuadrilátero.  La peor jugada de la noche del 2 de junio se registró en William Hill, Nevada. Un tipo le jugó 100.000 dólares al triunfo de Anthony Joshua. Lo que se dice confianza ciega. La ganancia era exigua en relación al capital arriesgado: “solo” 5.000 dólares si acertaba el pronóstico. Pero perdió. Como el 96 por ciento de los apostadores que creían en la victoria del británico. De hecho, la proporción de favoritismo era de 32 a 1 para el defensor. Pero Andy Ruiz Jr. dio un golpe histórico y ganó tres títulos mundiales en una noche, los de la Federación Internacional de Boxeo, Asociación Mundial de Boxeo y la Organización Mundial de Boxeo. Su caso todavía sigue siendo motivo de análisis. No por el batacazo en sí, sino por la contextura física con la que engrupió al mundo. Y la expresión se qu...

COGGI, EL NOQUEADOR QUE NO PUEDE DORMIR

Por Adrián Michelena El ex triple campeón del mundo no puede conciliar el sueño por culpa de la adrenalina que perdió al dejar el boxeo. El diario de un pegador impresionante, cuyos golpes llevaban 370 kilos de peso en un puño. No puede dormir Látigo Coggi. Algo le pasa. No es que se haya despertado de una pesadilla. Tampoco es que haya obviado tomar algún ansiolítico. Lo suyo es algo raro. Quiere pero no puede, el hombre. Su mujer, Alicia Martínez, ya está acostumbrada, apaga el velador y se echa a dormitar. Sabe que, en algún momento, Látigo va a reposar. Tantas guerras, cerca de 180 entre las peleas como amateur y profesional, dejaron cicatrices y coletazos en su cuerpo, de seguro que sí. Un avezado de las redacciones se anima a diagnosticarlo: “El problema es que su cabeza sigue boxeando”. La aguja del reloj aguijonea el espíritu. Son las tres de la mañana y el campeón sigue esperando que se bajen las persianas. La historia se repite todas las noches. Y a 30 años de la obt...